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domingo, 2 de abril de 2017

TIBERIO EMPERADOR DE ROMA

TIBERIO

TIBERIUS CAESAR AUGUSTUS


Tiberio nació en Roma el 16 de noviembre del año 42 a.C.
Su madre fue Livia Drusila y su padre Tiberio Claudio Nerón.

   Dicen las fuentes que su madre era una mujer ambiciosa e inteligente, que, viendo cómo discurrían los acontecimientos, conquistó a Augusto estando todavía casada e hizo todo lo posible para que su marido se divorciara de ella a pesar de estar embarazada de su segundo hijo. Su padre fue un oponente de César y después de Octavio, aliado de Pompeyo y  de Antonio. 

   Cuando su madre se casó con Augusto en el 39 a.C., Tiberio, que tenía cuatro años, fue a vivir a la casa de su padrastro, pero ni él ni su hermano fueron adoptados. Creció, pues, en un ambiente convulso entre las ideas de un padre, con el que no perdió relación, enemigo de su padrastro, una madre ambiciosa y en una casa en la que no se le tenía mayor aprecio. Posteriormente, siendo todavía un muchacho, Augusto se convirtió en el dueño del mundo y su familia en objeto de sus intrigas.

Livia y Tiberio

   Tiberio recibió una educación esmerada con los mejores maestros de la época y destacó desde muy joven tanto en las misiones militares como en las diplomáticas. Era, según dicen, tímido, serio y reservado, responsable y buen general; sin embargo, Augusto nunca pensó en él como su sucesor, aunque sí lo utilizó para conseguir sus propósitos casándolo primero con la hija de Marco Agripa y después de la muerte de este obligándole a divorciarse para que se casara con su hija Julia.
   Cuando murió su hermano Druso, Tiberio, totalmente agobiado por el ambiente de Palacio, decidió exiliarse a Rodas en contra de la opinión de todos, especialmente de Augusto que convirtió el exilio voluntario en obligado. Pero el emperador se iba quedando poco a poco sin herederos y en el año 2 a.C. tuvo que ceder y dejar volver al único que le quedaba: Tiberio, tenía entonces cuarenta y cuatro años. Augusto se vio obligado a adoptarlo solemnemente, pero una vez más se impuso su voluntad con la intención de que continuara su estirpe y Tiberio tuvo que adoptar a su vez a su sobrino Germánico.

    A pesar de las diferencias entre ambos, el ahora hijo del emperador siempre se mantuvo fiel a su padrastro y en más de una ocasión salvó las circunstancias como en la sublevación de los marcomanos en Panonia, por la que fue  aclamado imperator, o después del desastre de Quintilio Varo, donde restableció la autoridad romana en la zona.



   
   Augusto murió el año 14 d.C. y Tiberio se convirtió en el emperador de Roma, aceptado tanto por el Senado como por el ejército, tenía cincuenta y cinco años. Todo pronosticaba un reinado glorioso, el nuevo emperador tenía cualidades suficientes para resolver la crisis que dejaba la muerte de Augusto y así lo hizo. Inmediatamente después, en virtud de su imperium proconsular, notificó oficialmente la toma del Poder a los gobernadores de las provincias; convocó a la Asamblea en virtud de su potestad tribunicia y dejó que los senadores le rogaran que aceptara el cargo. 
    Los primeros años del gobierno de Tibero se desarrollaron con mucha similitud a los de Augusto, pero esta situación no duró mucho tiempo. Todo empezó a cambiar con la muerte de Germánico, pues la mujer de este acusaba al emperador de estar detrás del suceso y las buenas relaciones que se habían mantenido hasta ahora con el Senado comenzaron a desvanecerse.
    En este momento es cuando surge una figura totalmente siniestra, el prefecto del pretorio L. Elio Sejano.  Desde el principio del gobierno de Tiberio, Sejano había sabido ganarse su confianza; a partir del año 17 d.C. se las arregló para quedarse como único titular en su cargo y comenzó a desarrollar abiertamente sus planes. Primero, agrupó bajo su mando a las nueve cohortes pretorianas que estaban repartidas por toda Italia  y las colocó a las puertas de Roma en un campo atrincherado que construyó, el Campo Pretoriano. Se trataba de 10.000 hombres seleccionados. Después, se hizo amante de la mujer del único hijo del emperador, Druso, y la manipuló para que matara a su marido; más tarde convenció a Tiberio para que se fuera a la isla de Capri y el emperador se marchó. Sejano, en calidad de prefecto del pretorio, se quedó como amo y señor de Roma. 
   Como esto todavía no era suficiente, pretendió casarse con la viuda de Druso y al no conseguirlo quiso desembarazarse de los tres hijos de Germánico, futuros sucesores de Tiberio. Los dos mayores y su madre fueron desterrados, sólo quedó el pequeño Cayo que no lo consideraba rival. Tan sólo le faltaba  librarse del emperador mediante una conjura  que comenzó a organizar.
   Pero en Roma estaba Antonia, cuñada de Tiberio, que advirtió al emperador de lo que ocurría y este se movilizó rápidamente. En la capital todavía quedaban unas cohortes fuera del mando de Sejano, las urbanas y las de las vigilias; Tiberio nombró un nuevo prefecto del pretorio y sorprendiendo a Sejano lo mandó detener y condenar a muerte en el mismo momento.
    Este suceso fue para Tiberio terrible, porque no era persona que pusiera su confianza en alguien fácilmente y en Sejano había confiado mucho. A partir de aquí el emperador cambió radicalmente y los últimos seis años de su reinado representaron un periodo de tiranía.  El arma del emperador fue la Ley de majestad que permitía actuar contra todos aquellos de los que pudiera sospecharse. Las penas de muerte y de destierro, seguidas de la confiscación de los bienes se multiplicaron; muchos senadores cayeron en las garras de los delatores e incluso miembros de la familia real.
     Tiberio se fue abandonando a los vicios, según dicen las fuentes. Murió en el año 37 d.C. cuando tenía setenta y ocho años, según se dice asfixiado con mantas por los soldados.