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martes, 21 de marzo de 2017

¡¡ SE VENDE EL IMPERIO ROMANO!! ¿QUIÉN DA MÁS?

PÉRTINAX ASESINADO, LOS PRETORIANOS VENDEN EL IMPERIO A DIDIO JULIANO.

Lucio Aurelio Cómodo Antonino


A finales del siglo II d. C., Roma era la capital de un gran imperio que abarcaba, de oriente a occidente, todas las tierras que rodean el Mediterráneo.  En unos doscientos años, desde el principado de Augusto, se habían sucedido bastantes emperadores; algunos habían sido buenos gobernantes, otros habían tenido un mandato muy corto y el resto había provocado crisis profundas como es el caso de Cómodo, el hijo y sucesor de Marco Aurelio. 

Cómodo con los atributos de Hécules
Durante su reinado, que duró trece años, los habitantes de Roma habían llegado a ver toda clase de hechos espectaculares: asesinatos, conspiraciones, abusos e incluso a un emperador con todas sus galas actuando como gladiador en la arena del anfiteatro (cosa insólita y muy mal considerada), pero todavía les estaba reservado algo más insólito aún, un imperio vendido en pública subasta al mejor postor.

Para describir este hecho contamos con dos fuentes contemporáneas de incalculable valor, por una parte Dión Casio (1) , senador durante el reinado de Cómodo, cuya narración aparece en primera persona y por otra, Herodiano (2), funcionario romano que vivió en estos años y que, según él, contempló los acontecimientos con sus propios ojos.
Tanto Dión Casio como Herodiano relatan las atrocidades del emperador con tal lujo de detalles que incluso hoy día nos parece estar viendo una película de terror. No es extraño por lo tanto que sufriera varios intentos de asesinato hasta que por fin lo consiguieran aquellos más próximos entre los que se encontraba Marcia, su concubina. Marcia le suministró un veneno, pero al no hacerle efecto buscaron a un atleta llamado Narciso para que lo estrangulara.
Con la muerte de Cómodo (31 de diciembre del 192) parecía terminado un serio problema para Roma, aunque realmente se planteaba otro mayor, quién iba a sucederle. El emperador no tenía hijos, ni siquiera hijos adoptivos, como habían previsto emperadores anteriores para no crear un vacío de poder a su muerte. De este modo, los conspiradores se vieron forzados a tomar una segunda decisión rápida antes de que se adelantaran los pretorianos y proclamaran uno por su cuenta. 


Narciso estrangulando a Cómodo

Aunque hay quien dice que Pértinax era uno de los conspiradores y que, por lo tanto, la decisión ya estaba tomada con anterioridad, Herodiano narra el suceso dejando claro que aquél no sabía nada. 
Nos dice que los asesinos fueron en plena noche a buscarlo a su casa y que los esclavos les hicieron pasar a su alcoba temblando de miedo porque estaban convencidos de que iban a matarlo para cumplir una orden de Cómodo. A pesar de repetirle una y otra vez que el emperador estaba muerto costó tanto convencer a Pértinax de que era cierto que tuvo que ver él mismo el cadáver del emperador para creerlo. Dice también que se presentó ante el senado y que rechazó el ofrecimiento, pero que el senado lo confirmó y que el pueblo al enterarse corrió al cuartel de los pretorianos para obligarles a aceptarlo.




P. Helvio Pértinax tenía entonces sesenta y seis años. Era un hombre que había subido todos los escalones de la jerarquía militar y política por sus propios méritos, había llegado al consulado y ejercía el cargo de prefecto de la Urbs. Parecía el  emperador perfecto, austero, buen administrador e insobornable. No obstante, estas mismas virtudes fueron su sentencia de muerte, tal vez le faltó diplomacia y quiso manejar la situación como si estuviera en el ejército. 
El reinado de Cómodo había sido un desastre ( lo había dejado en manos de sus consejeros) y las arcas del Estado estaban vacías. Pértinax se propuso volverlas a llenar a base de suprimir en la corte todo gasto superfluo y de vender todas las cosas inútiles que había almacenado Cómodo, además restauró la antigua disciplina en el ejército y se negó a ofrecer a los pretorianos los continuos donativos que aumentaban su paga. En poco tiempo el nuevo emperador comenzó a ser odiado por todos aquellos que anteriormente habían obtenido beneficios, especialmente por los pretorianos y un buen día (28 de marzo) estos marcharon sobre el Palatino, sorprendieron a Pértinax en su palacio y lo asesinaron. Tan sólo habían transcurrido dos meses y veintiocho días desde su proclamación.
Los pretorianos volvieron a su campamento situado en el Quirinal, cerraron todas las puertas y se reunieron para decidir cuál sería el siguiente paso.  Después de reflexionar, llegaron a la conclusión de que lo mejor era vender el imperio al mejor postor. La noticia corrió como la pólvora y no tardaron en aparecer dos compradores, Sulpiciano, suegro de Pértinax y que como prefecto urbano se encontraba en el cuartel con los pretorianos y Didio Juliano, descendiente del jurisconsulto Salvio Juliano, uno de los más ricos de la aristocracia romana de la época. 

Pretoriano
Dicen las fuentes que Juliano fue instigado por su mujer y su hija para correr al campamento de los pretorianos a ofrecer una suma de dinero, 
pero que encontrando las puertas cerradas se quedó delante del muro. Por otra parte, Sulpiciano, desde el interior, pujaba a su vez aumentando las cantidades ofrecidas por Didio y un pretoriano iba y venía de uno a otro hasta que Juliano ofreció una cantidad verdaderamente alta y consiguió la puja. El imperio fue vendido por la suma de 25.000 sestercios para cada pretoriano.
Una vez cerrado el trato, el nuevo emperador fue conducido militarmente al Senado, quien de mala gana tuvo que concederle la investidura oficial. 
De momento todo parecía muy fácil, pero no fue así. Cuando la noticia llegó a las provincias los ejércitos no se resignaron y nombraron sus propios emperadores, la amenaza de una nueva guerra civil sobrevoló el imperio. 
En la propia Roma, se vio que Didio Juliano había prometido más de lo que podía cumplir y que los pretorianos no cedían para cobrar lo establecido e incluso el pueblo exigía su parte al nuevo emperador.




Didio Juliano fue, finalmente, abandonado por todos y asesinado. Los nuevos emperadores Pescenio Niger, en Siria y Septimio Severo, en Panonia, se enfrentaron venciendo este último. Una nueva dinastía subía al poder: la de los Severos, corría el año 193 de nuestra era, el año que tuvo cinco emperadores.





(1)  DION CASIO: Historia romana, trad. J.M. Cortés Copete. Ed. Gredos. Madrid 20011.
(2)  HERODIANO. Hª del Imperio romano después de Marco Aurelio. trad. .J. Torres Es barranchi. Ed. Gredos. Madrid, 1985.