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martes, 22 de diciembre de 2015

CARPENTA




Las matronas romanas habían adquirido después de la guerra con Veyes (principios del siglo IV a.C.) el derecho a usar el pilentum para asistir a las ceremonias religiosas y el carpentum para el resto de los días de la semana por haber aportado sus joyas al tesoro publico para enviar una ofrenda al dios Apolo como acción de gracias por la victoria conseguida.


El pilentum era un carro de cuatro ruedas, muy adornado, destinado a las celebraciones religiosas en cuya caja se transportaban los objetos sagrados del culto que no podía ver el público. El carpentum era un carro de dos o cuatro ruedas cubierto con un toldo, en cuyo interior cabían dos o tres personas.


Tito Livio nos habla de este suceso en el Libro V (25), pero mas adelante, en el XXXI, nos cuenta cómo las mujeres de Roma perdieron este privilegio por la Lex Oppia (215 a.C., que penalizaba el abuso) promulgada como medida económica tras los desastres de la segunda guerra púnica y como medida para mantener una moral basada en los valores tradicionales. Tras la victoria de Roma sobre Cartago comenzó a desarrollarse el lujo y, a pesar de la oposición de Catón el viejo, la ley fue derogada en 195 a.C., ya que las matronas habían invadido el Capitolio, las calles y los accesos al Foro presionando a sus maridos para que se aboliera esa ley que privaba a la mujeres de los adornos para estar más bellas.


La derogación de esta ley restituyó a las mujeres el privilegio de usar el carpentum (Ovidio, Fast.) en la ciudad.
Se usaba también para realizar viajes e incluso podían alquilarse cerca de las puertas por particulares.