VOCABULA ROMANA (ab urbe condita)

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domingo, 28 de mayo de 2017

MANUAL Nº 3

CÉSARES

JULIO CÉSAR, AUGUSTO, TIBERIO, CALÍGULA, CLAUDIO Y NERÓN.
LA PRIMERA DINASTÍA DE LA ROMA IMPERIAL 
JOSÉ MANUEL ROLDÁN
ED. La esfera de los libros, Madrid, 2008

 A pesar de que he incluido este libro en el apartado de los manuales, Césares no es propiamente un manual. Sin embargo, la visión en conjunto de la primera dinastía de Roma, la bibliografía breve al final de cada capítulo, las casi nulas notas a pie de página y los dos apartados al concluir el libro, uno de cronología y el otro de fuentes documentales, hacen que se convierta en un volumen apropiado para estudiantes o para principiantes en la materia.

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domingo, 14 de mayo de 2017

LOS EJÉRCITOS: ROMA, PERÍODO MONÁRQUICO - I



PRIMEROS TIEMPOS DE ROMA

 

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Victoria de Rómulo sobre Acrón
 J. A. D. INGRES
Hablar de los comienzos de Roma es una de las tareas más difíciles y, sin embargo, por esta misma razón es la más atrayente. Cada nuevo descubrimiento, aún cuando tire de un plumazo las teorías anteriores, abre una nueva perspectiva y un nuevo coloquio; se presta a divagaciones o discusiones acaloradas en las que los investigadores defienden sus conocimientos eruditos. Pero esto, como todo, no es nuevo. En la propia Roma ya se discutía sobre la fecha de su fundación hasta que Varrón (s.I a.C) la fijara en el año 754-753 a. C., o sobre el número de sus reyes (se habían encontrado ocho estatuas arcaicas de reyes en el Capitolio y no siete), o sobre la procedencia de los monarcas y sus reformas jurídicas y militares. Pero si ni siquiera entonces fueron capaces de llegar a una conclusión, hoy día, para esta primera época oscura, tratamos de "admitir" el orden que la tradición nos impone hasta que se encuentren otras evidencias.


A). De Rómulo a Servio Tulio

Primera organización atribuida a Rómulo.

La población de la ciudad de Roma estaba dividida en tres tribus: Ramnes, Tities y Luceres. Cada una de ellas estaba a su vez dividida en curias, gentes, familias y casas. Por encima de todos ellos se encontraba la figura del rey.
En esta época no se llevan a cabo verdaderas guerras en el sentido tradicional, sino que más bien son incursiones en busca de botín dirigidas por nobles rivales que guían a sus guerreros.


 EL REY
                              

 RAMNES  -  TITIES  -  LUCERES  (tribus)
    \                     \/                                         /       
                                   (10 curias)                                  (10 curias)                                (10 curias)
 
                   (30) CURIAS  (reunión de varones, asamblea)
 \/
                 GENS (relación de parentesco, clan)
\/
                                                                              FAMILIAS (personas con un mismo "apellido")
\/
      CASAS  (unidades familiares)

1.- El rey

 -La figura del rey en la Roma antigua parece estar atestiguada antes, incluso, de la dominación etrusca. Las fuentes nombran cuatro reyes latino-sabinos y tres reyes etruscos, pero pudo haber más. 
-El rey estaba investido de imperium con un carácter sacro y sólo podía llegar a serlo en virtud de dos hechos religiosos: la imposición de manos del augur, que le transmitía el poder de los dioses, y el auspicio por cuyos signos se determinaba la voluntad divina.

Fresco en la  Tumba de los  Arúspices, c. 530 a.C.
-La monarquía no era hereditaria, cuando era necesario los patres buscaban un candidato, incluso extranjero, que en el caso de pasar los auspicios sería propuesto como rey. 
-El rey tenía en sus manos todos los poderes: religiosos, políticos, judiciales y militares. Dictaba el calendario después de que un pontífice menor le anunciara la luna nueva para fijar los días fastos y nefastos y que el pueblo supiera en qué días podría convocarse la asamblea o administrar justicia.
-El rey dictaba el derecho como sacerdote, se ocupaba de los asuntos generales sin interferir en los asuntos de las familias, que era derecho del pater familias.

2.- Las tribus
Según la tradición Rómulo organizó a la población en tres tribus con fines militares. Cada tribu se componía de 10 curias. Los romanos de épocas posteriores creían que esta división correspondía a la unión de los tres pueblos fundamentales que dieron origen a la ciudad: romanos, sabinos y etruscos, pero no se sabe si estos nombres hacían referencia a ellos o no. Posteriormente, con Servio Tulio, la tribu era tan sólo el lugar de residencia, algo semejante a lo que entendemos hoy por distrito.
La organización en tribus servía para reclutar al ejército, de ellas salían las tres legiones de infantería mandadas por los tribuni militum y las tres centurias de caballería a las órdenes de los tribuni celerum.

3. Las curias

La curia es una subdivisión de las tribus y una agrupación de las gens. Llegaron hasta los comienzos de la época imperial. Parece ser que su nombre indica reunión de varones, de co-viria, aunque también puede hacer referencia al lugar de reunión. En un principio existieron 30 curias que se reunían en lugares diversos como bosques sagrados, pero con el tiempo se fueron unificando. Cada curia tenía un presidente, curio, con un flamen y un lictor como ayudantes. Cada una tenía su culto privado y celebraba sacrificios y banquetes en su comunidad. Todas juntas honraban a Juno Curitis; sus fiestas principales se celebraban a finales de febrero cuando se reunían para tostar el grano en un horno comunal y a mediados de abril cuando cada curia inmolaba una vaca a Tellus. Todas estaban coordinadas por un curio maximo que debía ser un patricio
La curia tenía importancia a la hora de distribuir los cargos militares, ya que formaban la base de reclutamiento de una unidad formada por cien soldados de infantería: la centuria. La curia decidía también en cuestiones de derecho de familia cuando el pater familias moría sin dejar descendencia masculina y tenía el derecho de confirmar en sus puestos a los más altos magistrados de la comunidad.
Cada curia debía proporcionar 10 jinetes (una decuria) y 100 soldados de infantería (una centuria):
300 jinetes + 3.000 infantes = una legión


 4. La gens

La gens es el clan o conjunto de personas que tienen un antepasado común. Todos llevan el mismo gentilicio ("apellido") que procede del nombre individual que llevara el fundador de la gens. Las gentes que pertenecían a una misma gens practicaban cultos comunes, tenían tumbas propias, tomaban decisiones colectivamente, etc. Además de los nacidos dentro de la gens, también pertenecían a ella aquellas personas que tenían un grado de dependencia hacia ella: los clientes (esclavos manumitidos, el individuo que solicitaba adscribirse a la gens, campesinos...) que constituían en esta época una especie de ejército privado cuando el patrono lo requería.

5. La familia

La  familia es una subdivisión de la gens, lleva el nombre de  la gens (cognomen) y está formada por todo aquello que está bajo el dominio del pater familias: mujer, hijos, esclavos, bienes materiales, ganado, etc. La gens solucionaba problemas de la familia en casos de derecho, pero el padre de familia era el dueño y señor de sus posesiones, e incluso podía matar o vender a sus hijos.

6. Las casas 

Serían  las unidades familiares mínimas bajo la autoridad del pater familias y que debían aportar un soldado por cada una de ellas.

7. La plebe

En los comienzos  de la historia de Roma cuando hablamos de plebe no nos estamos refiriendo a populo. Aquí la plebe es simplemente aquella gente que no pertenece a ninguna gens. Pudieron ser artesanos y comerciantes atraídos por el auge de la ciudad, campesinos e incluso los habitantes autóctonos que en las fuentes llaman aborígenes. No se sabe quienes constituían la plebe, pero en los primeros tiempos de la República se constituyeron como una clase distinta que reivindicó sus derechos durante mucho tiempo.



EL EJÉRCITO

El ejército en esta época es muy reducido, formado por hombres libres que van a la "guerra" unos meses concretos del año (primavera y verano) y que después vuelven a sus casas para atender sus cosechas y sus ganados. Está formado por guerreros que bajo el mando del rey salen en busca de botín o bien defienden su territorio. Todo ciudadano era un guerrero y todos debían defender la patria según sus posibilidades, pero no todos valían para la lucha, por esto eran elegidos, de ahí legio y ejercitados, de ahí exercitu.

Era el rey el que llamaba a las armas y entonces todo el mundo se movilizaba: cada gens se reunía (nos dice J. Guillén, ver Bibliografía) y " las que formaban la misma curia se agrupaban entre sí, luego se reunían las curias de una misma tribu y la reunión de las tribus formaba la legión. La caballería se constituía de una manera semejante: cada gente presentaba un caballero, los diez caballeros de la curia formaban la escuadra o decuria, y las diez decurias formaban una centuria. Quien determina entre los suyos el número de infantes y de caballeros eligiendo los necesarios para cumplir el número exigido por el rey, es el jefe de la gens. [...]  Como jefe del ejército iba el rey, que era conducido en carro al lugar de la batalla y luego combatía a pie. El carro ... era sencillo, semejante a los carros micénicos ... los caballeros romanos se dirigían rápidamente  de un lugar a otro (celeres), pero luego desmontaban y combatían a pie como hoplitas. Su armadura era pesada y completa. Los infantes deben equiparse por su cuenta y su armadura depende de su fortuna".
Como el soldado de infantería debía pagarse su panoplia, esta no era uniforme como en épocas posteriores. Entre las armas abundan todavía las de bronce y los cascos están destinados a proteger lo alto de la cabeza, sin que aparezcan protecciones para la nuca y las mejillas. Así encontramos:
  • cascos de moledos villanovianos, formados por dos mitades con la unión decorada con una placa alta en forma de flecha.
    casco villanoviano
  • cascos de modelo campana, parecidos a los anteriores, pero sin cresta
  • placas pectorales de metal, protección sencilla para el pecho.
  • escudos posiblemente de madera
  • lanzas, espadas y dagas.
El armamento que conocemos de esta época es a través de las representaciones de lápidas funerarias principalmente; esto delimita bastante el conocimiento exacto de su estructura. 
Después de los cuatro primeros reyes se aprecian cambios significativos en la ciudad de Roma y en su ejército, estos cambios parecen deberse a la influencia etrusca que vendrá con los próximos monarcas, a la vez influidos por la cultura griega, y se iniciará un nuevo periodo en la historia de Roma.

martes, 2 de mayo de 2017

ETRUSCOS. EL EJÉRCITO ETRUSCO.

EL EJÉRCITO ETRUSCO.

DESCRIPCIÓN (pulsa aquí)

 

 


VIDEO DE CULTURA ETRUSCA(pulsa aquí)


lunes, 1 de mayo de 2017

SERVUS, SER ESCLAVO EN ROMA

SERVUS, -i (masculino)

- esclavo, criado, siervo.

 

Todas las  fuentes citan abundantemente el término servus y en todas las épocas; así lo vemos en Plauto, Catón, Cicerón, Suetonio, Gayo, Ulpiano y el Digesto, por ejemplo. El esclavo es considerado siempre como una cosa, aunque realmente se trata de una cosa con capacidad activa y esta concepción continúa en la historia de Roma definida frecuentemente por la terminología de instrumenta vocalia.

Servus designa el siervo o esclavo bajo el punto de vista jurídico o político:
  • aquel que se encuentra en esclavitud según la ley
  • aquel que se encuentra en esclavitud en virtud de la misma ley por la cual el esclavo es tal
  • aquel que sirve como esclavo
Servus es un término de sentido general al lado de mancipium, captivus, famulus, verna, minister y adjutor, que designan condiciones particulares de esclavitud. En el derecho romano, servus es el ser humano carente de libertad y desprovisto de personalidad jurídica por encontrarse en la consideración de cosa. En el derecho antiguo se le consideraba res mancipi y en todo el derecho romano fue tenido como cosa: los siervos están bajo el poder de sus señores y esta potestad es del derecho de gentes.
Poco a poco, se fue reconociendo al servus alguna capacidad en sus relaciones con el dueño y en la esfera privada, pues llegaron a poseer un peculium (propiedad, ahorro) y gozar de alguna consideración jurídica. No obstante, un servus es una propiedad sujeta a las reglas y procedimientos de la propiedad respecto a venta, alquiler, robo, multiplicación natural, etc.; solamente cesa su status cuando se pone por obra una declaración de libertad.

A la esclavitud se llegaba por distintos caminos y en ella podemos incluso encontrar ciudadanos romanos que habían incurrido en algún delito o que simplemente debían pagar sus deudas con sus personas.

Las causas principales de esclavitud son las siguientes:
  1. Nacimiento.  Nace esclavo el hijo de madre esclava, aunque sea concebido por obra de hombre libre. En un principio, la condición del nacido era la que tuviera la madre en el parto, pero en el derecho clásico se reconoció la libertad del hijo, si la madre fue libre en algún instante de la concepción: en derecho de gentes, el hijo de mujer esclava y del hombre libre nace esclavo, mientras que el hijo de mujer libre y de esclavo nace libre (Gay. 1, 82). A este esclavo nacido en casa se le denomina verna, independientemente de su sexo.
  2. Cautividad de guerra. Es la causa más importante de esclavitud (captivus). Eran esclavizados los prisioneros hechos a pueblos no amigos ni aliados de Roma, aun sin declaración de guerra, que era necesaria, en cambio, cuando se trataba de pueblos que tenían tratados de alguna especie con Roma. Esos prisioneros de guerra eran vendidos como esclavos. También son esclavos los ciudadanos romanos apresados por el enemigo, más el ius civile Romanorum sólo considera servi iusti a los prisioneros hechos por Roma.
  3. Importación de esclavos del exterior. Una verdadera trata hacía estragos en el Mediterráneo oriental. Durante los tres últimos siglos de la República, los piratas crearon sobre las semidesiertas costas orientales de la cuenca mediterránea (Iliria, Cilicia, Chipre) verdaderos estados con fortalezas y flota. Uno de los beneficios de la piratería era la venta de cautivos y cautivas arrebatadas por sorpresa en Grecia, Asia Menor, Siria, etc. El gran mercado de los esclavos era Delos, donde, según Estrabón,  algunos días más de 10.000 desgraciados eran sacados a subasta.
  4. Condena penal. Caían en esclavitud los condenados a penas graves (servi poenae)
  • por deudas:  addictus, nexus, obaeratus, obnoxius. No son esclavos, porque no se concibe que un civis sea tal dentro de Roma, pero su libertad resulta disminuida por la atadura o sujeción de su persona a la disposición del acreedor. El deudor, una vez pagada la deuda, sigue siendo libre; mientras que el esclavo pasa a ser liberto.
  • insolventes: hombres libres que se encontraban en esclavitud por causas legales, casi no se diferenciaba de la esclavitud. Estaban asimilados aquellas personas que habiendo sido rescatadas de cualquier enemigo, debían ganarse la suma del rescate.
  • por no inscribirse en el censo: incensus (podía ser vendido como esclavo trans Tiberim y su patrimonio incorporado al erario público. Durante el reinado de Servio Tulio así se hizo, pero con el tiempo se sustituyó la esclavitud con otra pena)
  • por sustraerse al servicio militar. Suetonio cuenta que algunos hombres para escapar al reclutamiento forzoso se inscribían como esclavos y caían en la esclavitud forzosa porque otras personas se aprovechaban de esta situación.
  • por ser sorprendido in fraganti delito de robo.
  • por ingratitud hacia el patrono, si se era liberto.
  • etc.
Vemos en Quintiliano (Ins. Orat. 3,6) que distingue entre servum esse (ser esclavo) por nacimiento, cautividad o importación y servire (estar en esclavitud), el hombre libre que ha caído en esclavitud; pero las diferencias para las personas eran mínimas.

Existían además otras situaciones afines a la esclavitud que citaremos rápidamente:
  • Auctoratus: ciudadano romano que se alquila como gladiador a un empresario. A veces eran soldados sin porvenir.
  • Colonus: persona ligada a la tierra por una relación de colonato, condición que transmite a sus descendientes. Este nombre sufrió a lo largo de la historia diferentes variaciones.
  • Homo liber bona fide serviens: el hombre libre que sirve de buena fe como esclavo.
  • Humiliores: categoría o clase social afín a la esclavitud. Las penas eran similares.
  • In loco servi: el abandono o venta del niño por sus padres fue en el mundo romano otra fuente de esclavitud. Esta práctica existió con frecuencia entre los romanos a pesar de las disposiciones legales y de las opiniones moralistas.
En cuanto a las mujeres el término serva, -ae para ellas era raro, pues el femenino que se opone a servus es ancilla. El primero designa la condición jurídica de la mujer esclava y el segundo, la función que desempeña. Los buenos escritores no emplean la forma serva sino en ciertos pasajes jurídicos o que se apoyan en algún punto del derecho.
Ancilla era el término acostumbrado para la esclava adulta. Solía gozar de algunos privilegios concedidos por el propietario con el fin de incrementar en ella la natalidad. De este modo las ancillae que tenían tres hijos estaban exentas de trabajo y aquellas que tenían más de tres conseguían la libertad.
La situación de los esclavos cambió algo durante el Imperio. En este periodo las relaciones entre los esclavos son más humanas y los vínculos familiares entre ellos más estrechas; así se deduce de las inscripciones  halladas donde ya no aparece la palabra "convivente", sino mujer o marido y que también mencionan a sus hijos, a sus padres, a los hermanos o hermanas; además,  la ancilla aparece con el nombre de "uxor", e incluso le es permitido tener algunos negocios como podemos leer en el Digesto (Dig. 14, 4,5).


La esclavitud en la Roma antigua es un fenómeno complejo que comenzó a desarrollarse ampliamente después de las grandes conquistas. En el siglo IV a.C. Roma tenía una economía campesina que constituía un primitivo sistema de vida agrícola en el que todos trabajaban en los campos, empleando sólo en ocasiones excepcionales ayuda de algunos esclavos o clientes, ligados desde tiempo inmemorial a las familias aristocráticas por lazos religiosos. Pero, más tarde, la nueva riqueza se prodigó en parte en el consumo suntuario, en tierras italianas compradas a los pobres mediante pago o por la ejecución de hipotecas y también en esclavos. De este modo, Roma e Italia vieron afluir año tras año prisioneros de guerra capturados por las legiones en todos los campos de batalla de Oriente y Occidente.
A consecuencia de la guerra se formó rápidamente un sistema de esclavitud a finales de la República con sus fenómenos económicos, sociales y políticos. La esclavitud se desarrolló como sistema económico y el esclavo se convirtió en la base  de la economía romana. Los esclavos procedían de los lugares más diversos a causa de la guerra y otros muchos eran importados de la periferia "bárbara". En ocasiones estas gentes de las fronteras llegaban a venderse ellos mismos o a sus hijos como esclavos cuando la muerte por hambre era la única alternativa.

domingo, 23 de abril de 2017

GERMANIA, UN PUEBLO REBELDE

GERMANOS CONTRA ROMA

VIDA Y COSTUMBRES DE LOS GERMANOS 

SEGÚN TÁCITO

Cornelio Tácito
Cornelio Tácito: Agrícola, Germania, Diálogo sobre los oradores.
Introducción, traducción y notas de J.M.Requejo. Ed.Gredos, Madrid,1988                                                 

 
Qué motivos tuvo Tácito para escribir sobre la vida y costumbres de los germanos es algo que todavía no sabemos y que quizá no sabremos nunca. Algún autor moderno ha querido ver en este librito un principio de moralidad al oponer la vida sencilla y agreste a la degeneración de la sociedad romana que le tocó vivir a Tácito.
 Parece ser que nuestro autor tuvo algún contacto con estas gentes en su permanencia en la Galia Bélgica antes o después de su matrimonio con la hija de Agrícola.
 Al leer el relato detallado de la forma de vida de los germanos no podemos menos que acordarnos, y estableceder relaciones, de las narraciones que nos han llegado a través, por ejemplo, de Tito Livio sobre los comienzos de la misma Roma. Tal vez Tácito encontró también  estas relaciones y quiso escribir sobre los germanos, de la misma manera que nosotros escribimos ahora sobre los romanos, con cierta admiración.
 Como él mismo dice, los pueblos germanos dieron muchas "lecciones a Roma": "¡Tanto va tardando Germania en ser sometida!  A lo largo de los siglos se habían conquistado, no sin dificultad, muchos pueblos, pero los pueblos germanos y sus territorio de bosques infranqueables era otra historia. Es como si a finales del siglo I de nuestra Era todavía pesara en las conciencias el desastre de Varo.
 Tácito comienza su relato dando la localización exacta de los pueblos que llamamos germanos en el espacio comprendido entre el Rin, al oeste, el Danubio, al sur, el océano, al norte y las montañas, al este.
 Es de la opinión, como creyeron algunos eruditos más recientes, de que los germanos eran autóctonos de la Germania y sin mezclas con otros pueblos, ya que todos tienen la misma configuración y las mismas costumbres y su única forma de crónica e historia son antiguos cánticos para conmemorar a los dioses, para entrar en combate o enardecer los ánimos (estos pueblos no usaban la escritura, algunas inscripciones encontradas anteriores a la conquista romana estaban escritas en alfabeto latino o griego y adaptadas a las normas locales).
    Localización de los pueblos germanos (https://it.wikipedia.org/wiki/Suardoni)

DESCRIPCIÓN DE LOS PUEBLOS GERMANOS SEGÚN TÁCITO:
(RESUMEN)
- Ojos fieros y azules
- Cabellos rubios
- Cuerpos grandes y capaces sólo para el esfuerzo momentáneo
- No aguanta la sed, ni el calor fuerte
- Están acostumbrados al frío y al hambre por el clima y el territorio que habitan
- Su tierra está poblada de selvas y echada a perder por los pantanos. Es bastante fértil, pero muy poco apta para los árboles frutales; abundante en ganado menor de poco tamaño, lo mismo que el ganado mayor, de escasa cornamenta
- No tienen ambición en cuanto a las riquezas y los placeres, los pueblos situados al interior utilizan el trueque
- No suelen utilizar armas grandes, llevan picas que llaman "frameas", pero con un hierro estrecho y corto tan afilado y manejable que luchan con ella cuerpo a cuerpo y a distancia, según la ocasión
- El jinete lleva escudo y "framea", los infantes, desnudos o con un lijero sayo, lanzan a gran distancia armas arrojadizas
- Adornan sólo los escudos con colores llamativos, pocos tienen cotas, casco de metal o de cuero
- Los caballos no sobresalen ni por su estampa, ni por su velocidad. La infantería tiene más fuerza y luchan mezclados
- La línea de combate se forma por grupos en cuña, retiran los cuerpos de los suyos, incluso en los peores combates. El haber abandonado el escudo es su principal vergüenza, los que habían caído en deshonra se ahorcaban
- Eligen a los reyes de entre la nobleza y a los jefes por su valor. El poder para los reyes no es ilimitado, ni arbitrario; van en vanguardia y ejercen el mando por admiración. No está permitido castigar, ni atar, ni golpear; sólo pueden hacerlo los sacerdotes. El escuadrón o los pelotones lo forman la familia y el parentesco. Sus mujeres y sus hijos son los testigos más sagrados para cada uno, estas llevan a los combatientes alimentos y ánimos y les curan las heridas sin atemorizarse. En más de una ocasión se rehicieron los ejércitos gracias a ellas.
- Piensan que hay en las mujeres algo santo y profético, por lo que no desperdician sus consejos
                                     - Entre los dioses honran sobre todo a Mercurio (Odin) y le ofrecen víctimas humanas en días fijos
                                      - Aplacan a Hércules (Thor) con animales permitidos. Sacrifican también a Isis( Nertho)
                                   - A los dioses no los representan con figuras humanas; les consagran bosques y arboledas
                                - Son los mejores en auspicios y oráculos: arrancan una rama a un árbol frutal, la cortan en trozos y tras señalarlos con ciertas marcas los esparcen al azar sobre una tela blanca. Después el sacerdote o padre de familia coge tres trozos y los interpreta. También examinan los sonidos y el vuelo de las aves y recurren a los presagios y admoniciones de los caballos, cuidados a expensas públicas en los mismos bosques y arboledas, blancos y sin haber sido utilizados para el trabajo. El sacerdote y el rey, tras uncirlos a un carro sagrado, observan los relinchos
                                     - El pueblo decide sobre los asuntos de mayor importancia. Se reunen en días fijos, en novilunio o plenilunio. Llevan el cómputo del tiempo por las noches y así fijan y arreglan sus citas
                                         - Llevan a cabo todos sus asuntos públicos y privados sin despojarse de las armas
                                        - Hay una gran rivalidad entre los gregarios por conseguir el primer lugar ante el jefe y los jefes pugnan por obtener el séquito más numeroso y esforzado. Lo infame es sobre todo haberse retirado de la batalla sobreviviendo al propio jefe. El jefe lucha por la victoria, sus compañeros por el jefe
                                         - No se les puede convencer para que aren la tierra o esperen la cosecha, les parece de apocados y cobardes adquirir con sudor lo que puede lograrse con sangre. Cuando no guerrean se dedican a la caza, pero pasan la mayor parte del tiempo sin ocuparse de nada. Entregan el cuidado de la casa, el hogar y los campos a las mujeres, ancianos y a los más débiles
                                           - No habitan en ciudades. Dispersos y separados, viven donde les haya complacido una fuente, un campo o una arboleda. Utilizan para todo un material tosco, sin pretensiones estéticas ni ornamentales. Abren cuevas subterráneas como refugio para el invierno y almacén para sus cosechas
                                            - Su vestimenta es un sayo sujeto con una hebilla. Los más ricos se distinguen por una vestidura ajustada, llevan también pieles de animales. La indumentaria de las mujeres no difiere de la masculina
                                           - El matrimonio es muy respetado. Se contentan con una sola mujer, los adulterios son escasos. Cada madre cría a su hijo.
                                            - Se tiene por impiedad el negar albergue a cualquier ser humano.
                                            - Son gente nada astuta y sin doblez, la mente de todos permanece franca y sin velos.
                                            - Beben un líquido que obtienen de la cebada o del trigo y que, al fermentar, adquiere cierta semejanza con el vino. Su alimentación es sencilla, se emborrachan con facilidad
                                            - En las reuniones se divierten arrojándose los jóvenes desnudos entre espadas y frámeas, el premio es el placer de los espectadores
                                               - El vencido afronta una esclavitud voluntaria, lo consideran fidelidad a sus compromisos. Venden a sus esclavos, no los utilizan en funciones domésticas. Cada cual lleva su casa y sus penates
                                             - Van ocupando todos por turno la superficie cultivable, cambian anualmente de terreno
                                                - Ninguna pompa en sus funerales. Cada cadáver conserva sus armas, a veces se añade el caballo. Para las mujeres es decoroso llorar; para los hombres, mantener el recuerdo.
              Hasta este punto llega Tácito con la descripción general de los pueblos germanos, pero la obra no termina aquí sino que se dedica a comentar cada uno de los pueblos por separado y sus diferencias; no obstante, dejaremos esa cuestión para otro capítulo.      
                 

domingo, 2 de abril de 2017

EMPERADORES ROMANOS DEL SIGLO I d.C.


 EMPERADORES ROMANOS

DINASTÍA JULIO-CLAUDIA




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ANTECEDENTES


   Después de la batalla de Actium (2 de septiembre del 31 a. C) Marco Antonio se suicidó y Cleopatra siguió al poco tiempo sus pasos para no caer en manos de su vencedor. Octavio, que había hecho de esta guerra un motivo personal, mandó asesinar a los hijos de ambos (incluido el hijo de César), excepto a los dos gemelos más pequeños que quedaron al cuidado de su hermana Octavia. Egipto se convirtió de esta manera en una provincia romana bajo su control directo, prohibida totalmente para los senadores.

   Una vez hecho esto, era necesario arreglar los asuntos en Asia Menor y Grecia para lo cual Octavio se dirigió hacia estas regiones, premiando a las ciudades que se le habían mantenido fieles y creando una serie de lazos de fidelidad hacia él con el resto. Ahora era ya de hecho el dueño del mundo, pero necesitaba dar un paso más: buscar una fórmula que lo legitimara.


 Roma llevaba muchos años sufriendo las guerras civiles y había visto con miedo y estupor cómo una reina de tipo orientalizante daba hijos a César y Marco Antonio, herederos que podían convertirse en reyes de un vasto territorio, cuya capital se trasladaría a Alejandría. Octavio comprendió muy bien estas circunstancias y supo jugar sus cartas con el pueblo y el ejército presentándose como un salvador y restaurador de la República romana. Esta iba a ser la fórmula que utilizaría a lo largo de su gobierno, restablecer, aunque artificialmente, las costumbres antiguas. Aunque históricamente lo consideremos el primer "emperador", Octavio dio a entender el imperium en el sentido tradicional, como un general venerado por sus tropas y a las que debía su poder y el título de  princeps en su valor etimológico, es decir, el primero entre sus iguales. 

   No obstante, los hechos ocurridos ya no se podían cambiar y la suma de acontecimientos iban a ir transformando la sociedad poco a poco. Octavio, como se ha dicho, era el dueño del mundo, pero ¿qué quería decir esto, ya que su poder no era absoluto, al menos oficialmente? 

   Después de las guerras civiles y la conquista de Egipto, Octavio Augusto era un hombre inmensamente rico, el más rico de su tiempo.  Esta es la circunstancia que va a cambiar por completo la sociedad del momento y que va abrir una etapa histórica nueva, porque los sucesores de Octavio irán encadenando los hechos. Tenía, decíamos, una enorme fortuna, basada en la herencia de sus padres, en los beneficios de las confiscaciones de tierras y la venta de los bienes de sus enemigos, en el botín de guerra, pero sobre todo en la provincia que había ganado, Egipto, y que incluía el tesoro de los faraones, además de la explotación de los recursos naturales y agrícolas de ese territorio. Si  esto se une a que era el vencedor de la guerra, el pacificador de todos los territorios después de años horribles para la población y que el pueblo y el ejército romano habían sido los que realmente le apoyaron frente a las costumbres orientalizantes de Antonio, se puede comprender que entre Augusto y el pueblo se crearan unos lazos (que le vinieron muy bien) de "patrono-cliente".  

   Octavio comenzó a ganarse a la gente empleando parte de su fortuna, primero en premiar a sus soldados y en preocuparse de sus veteranos (era consciente de que el verdadero poder de ahora en adelante lo tenía el ejército) y en crear un bienestar público haciendo regalos a todos los habitantes incluidas las provincias (no tanto para que no hubiera revueltas, sino para crearse una buena opinión entre el público). De este modo, pasó a ser un benefactor del Pueblo y el Senado de Roma, convirtiéndose en un pater patriae, título que obtuvo en el año 2 a. C y que pasó a sus sucesores. No se trata aquí de escribir una historia de Augusto, ni mucho menos del Principado; tan sólo se trata de ir viendo el proceso de cambio de la sociedad que abrirá la etapa de los emperadores, porque tanto los sucesores de Augusto como los que gobernaron después de ellos van a estar sujetos a estos cambios que en la etapa anterior, durante la República, no se habían dado.

   Augusto no creó una monarquía hereditaria. Efectivamente, sabía muy bien que esto era impensable; sin embargo, se pasó todo su gobierno intentado buscar entre sus allegados el sucesor perfecto que continuara su labor y su familia permaneció en el poder cerca de un siglo. Parece ser que Tibero era la última persona que él hubiera querido, pero lo más importante no es este dato, sino que a partir de la muerte de éste son los soldados los que en realidad van a elegir a los emperadores, salvo excepciones, y este hecho va a marcar el comportamiento del Senado y el Pueblo de Roma. Legalmente el emperador recibía el poder de la mano de estos últimos, pero todo el mundo sabía que lo proclamaba el ejército a pesar de mantenerse las formalidades y que aunque todos los senadores tenían derecho a ser elegidos emperador, sólo los soldados tenían ese poder, esta puede ser una de las causas de la servidumbre del senado que se comienza a ver en esta época frente a la arrogancia que mantenía durante la República. 

   Los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, es decir, los sucesores de Augusto, son elegidos (excepto Tiberio) por los soldados, ese ejército que todavía recordaba la popularidad de Octavio y sus gestas y que esperaba también recibir el mismo trato dado por aquél. 

   En el siglo I d.C. se sientan las bases de todo lo que vendrá después: la eliminación gradual de los poderes del senado, sobre todo en la administración; la concentración del dinero y el poder en manos del emperador y el desarrollo de la burocracia, especialmente con Claudio. También el desarrollo del culto al emperador como protector de la Humanidad frente a las "fuerzas del mal", para lo cual es identificado unas veces con Apolo y otras con el héroe legendario divinizado Hércules. El emperador, entonces, tiene la mayor parte del dinero, suyo o del Estado (en un principio todo es lo mismo), es el protector de todo el mundo y administrador; el pueblo, agradecido por los derechos que va adquiriendo de ser alimentado y entretenido por el padre-emperador, va olvidando poco a poco las asambleas populares que Augusto fue eliminando y que Tiberio suprimió. 

   En las provincias el interés de los emperadores del s.I. d.C. se centró en el urbanismo; se crearon unas ciudades nuevas y otras se mejoraron de forma que las gentes del lugar se iban incorporando poco a poco a la forma de vida romana, dejando atrás la tribu para entrar a formar parte de una burguesía provincial, pero, eso sí, sin llegar a obtener la ciudadanía plena. La economía comenzó a renacer y se desarrollaron el comercio, la industria local de la cerámica y el bronce, el cultivo de la vid y el olivo y crecieron, sobre todo en occidente, los latifundios. No obstante, el mayor "empresario" era el emperador que tenía grandes territorios, debido a herencias y confiscaciones; en estos territorios se cultivaba el trigo, que era la mayor fuente de ingresos y que utilizaba como medio de conservación de su poder: alimentar al ejército y al pueblo. El emperador y sus favoritos reemplazaron a los antiguos magnates, pues ahora estaba todo en sus manos y la antigua aristocracia fue desapareciendo después de tantos crímenes y confiscaciones, con lo que surgieron unos hombres nuevos procedentes de la aristocracia municipal, terratenientes acomodados, oficiales del ejército, funcionarios imperiales y libertos.




   En menos de un siglo Roma no se parecía en nada a sí misma. Augusto decía que había recibido una Roma de tierra y él la dejaba de mármol. Los nuevos edificios públicos animaban a los más ricos a construirse casas lujosas en los barrios de moda, dejando el centro para oficinas y con la nueva división de la ciudad en catorce regiones (o distritos), el princeps creó cuarteles donde residían los vigiles (bomberos) con un magistrado anual al frente. 
   Como ciudad puede que estuviera dejando de ser aquel sitio maloliente del que se burlaban en la corte del rey Filipo de Macedonia (174 a. C.), pero todavía habría alguien que diría :¡o tempora, o mores!.


Nota: la bibliografía se puede consultar en BIBLIOGRAFÍA  y algunas fuentes en AUTORES Y SUS TEXTOS

TIBERIO EMPERADOR DE ROMA

TIBERIO

TIBERIUS CAESAR AUGUSTUS


Tiberio nació en Roma el 16 de noviembre del año 42 a.C.
Su madre fue Livia Drusila y su padre Tiberio Claudio Nerón.

   Dicen las fuentes que su madre era una mujer ambiciosa e inteligente, que, viendo cómo discurrían los acontecimientos, conquistó a Augusto estando todavía casada e hizo todo lo posible para que su marido se divorciara de ella a pesar de estar embarazada de su segundo hijo. Su padre fue un oponente de César y después de Octavio, aliado de Pompeyo y  de Antonio. 

   Cuando su madre se casó con Augusto en el 39 a.C., Tiberio, que tenía cuatro años, fue a vivir a la casa de su padrastro, pero ni él ni su hermano fueron adoptados. Creció, pues, en un ambiente convulso entre las ideas de un padre, con el que no perdió relación, enemigo de su padrastro, una madre ambiciosa y en una casa en la que no se le tenía mayor aprecio. Posteriormente, siendo todavía un muchacho, Augusto se convirtió en el dueño del mundo y su familia en objeto de sus intrigas.

Livia y Tiberio

   Tiberio recibió una educación esmerada con los mejores maestros de la época y destacó desde muy joven tanto en las misiones militares como en las diplomáticas. Era, según dicen, tímido, serio y reservado, responsable y buen general; sin embargo, Augusto nunca pensó en él como su sucesor, aunque sí lo utilizó para conseguir sus propósitos casándolo primero con la hija de Marco Agripa y después de la muerte de este obligándole a divorciarse para que se casara con su hija Julia.
   Cuando murió su hermano Druso, Tiberio, totalmente agobiado por el ambiente de Palacio, decidió exiliarse a Rodas en contra de la opinión de todos, especialmente de Augusto que convirtió el exilio voluntario en obligado. Pero el emperador se iba quedando poco a poco sin herederos y en el año 2 a.C. tuvo que ceder y dejar volver al único que le quedaba: Tiberio, tenía entonces cuarenta y cuatro años. Augusto se vio obligado a adoptarlo solemnemente, pero una vez más se impuso su voluntad con la intención de que continuara su estirpe y Tiberio tuvo que adoptar a su vez a su sobrino Germánico.

    A pesar de las diferencias entre ambos, el ahora hijo del emperador siempre se mantuvo fiel a su padrastro y en más de una ocasión salvó las circunstancias como en la sublevación de los marcomanos en Panonia, por la que fue  aclamado imperator, o después del desastre de Quintilio Varo, donde restableció la autoridad romana en la zona.



   
   Augusto murió el año 14 d.C. y Tiberio se convirtió en el emperador de Roma, aceptado tanto por el Senado como por el ejército, tenía cincuenta y cinco años. Todo pronosticaba un reinado glorioso, el nuevo emperador tenía cualidades suficientes para resolver la crisis que dejaba la muerte de Augusto y así lo hizo. Inmediatamente después, en virtud de su imperium proconsular, notificó oficialmente la toma del Poder a los gobernadores de las provincias; convocó a la Asamblea en virtud de su potestad tribunicia y dejó que los senadores le rogaran que aceptara el cargo. 
    Los primeros años del gobierno de Tibero se desarrollaron con mucha similitud a los de Augusto, pero esta situación no duró mucho tiempo. Todo empezó a cambiar con la muerte de Germánico, pues la mujer de este acusaba al emperador de estar detrás del suceso y las buenas relaciones que se habían mantenido hasta ahora con el Senado comenzaron a desvanecerse.
    En este momento es cuando surge una figura totalmente siniestra, el prefecto del pretorio L. Elio Sejano.  Desde el principio del gobierno de Tiberio, Sejano había sabido ganarse su confianza; a partir del año 17 d.C. se las arregló para quedarse como único titular en su cargo y comenzó a desarrollar abiertamente sus planes. Primero, agrupó bajo su mando a las nueve cohortes pretorianas que estaban repartidas por toda Italia  y las colocó a las puertas de Roma en un campo atrincherado que construyó, el Campo Pretoriano. Se trataba de 10.000 hombres seleccionados. Después, se hizo amante de la mujer del único hijo del emperador, Druso, y la manipuló para que matara a su marido; más tarde convenció a Tiberio para que se fuera a la isla de Capri y el emperador se marchó. Sejano, en calidad de prefecto del pretorio, se quedó como amo y señor de Roma. 
   Como esto todavía no era suficiente, pretendió casarse con la viuda de Druso y al no conseguirlo quiso desembarazarse de los tres hijos de Germánico, futuros sucesores de Tiberio. Los dos mayores y su madre fueron desterrados, sólo quedó el pequeño Cayo que no lo consideraba rival. Tan sólo le faltaba  librarse del emperador mediante una conjura  que comenzó a organizar.
   Pero en Roma estaba Antonia, cuñada de Tiberio, que advirtió al emperador de lo que ocurría y este se movilizó rápidamente. En la capital todavía quedaban unas cohortes fuera del mando de Sejano, las urbanas y las de las vigilias; Tiberio nombró un nuevo prefecto del pretorio y sorprendiendo a Sejano lo mandó detener y condenar a muerte en el mismo momento.
    Este suceso fue para Tiberio terrible, porque no era persona que pusiera su confianza en alguien fácilmente y en Sejano había confiado mucho. A partir de aquí el emperador cambió radicalmente y los últimos seis años de su reinado representaron un periodo de tiranía.  El arma del emperador fue la Ley de majestad que permitía actuar contra todos aquellos de los que pudiera sospecharse. Las penas de muerte y de destierro, seguidas de la confiscación de los bienes se multiplicaron; muchos senadores cayeron en las garras de los delatores e incluso miembros de la familia real.
     Tiberio se fue abandonando a los vicios, según dicen las fuentes. Murió en el año 37 d.C. cuando tenía setenta y ocho años, según se dice asfixiado con mantas por los soldados.

¿FUE EL EMPERADOR TIBERIO UN RESENTIDO?


Escucha el diálogo y decide por tí mismo


Tiberio, emperador de Roma en el siglo I 

 LUCES EN LA OSCURIDAD

( https://www.youtube.com/watch?v=kz2EXU3cRPw)

AUGUSTO

 

 LIVIA  -  TIBERIO




martes, 21 de marzo de 2017

¡¡ SE VENDE EL IMPERIO ROMANO!! ¿QUIÉN DA MÁS?

PÉRTINAX ASESINADO, LOS PRETORIANOS VENDEN EL IMPERIO A DIDIO JULIANO.

Lucio Aurelio Cómodo Antonino


A finales del siglo II d. C., Roma era la capital de un gran imperio que abarcaba, de oriente a occidente, todas las tierras que rodean el Mediterráneo.  En unos doscientos años, desde el principado de Augusto, se habían sucedido bastantes emperadores; algunos habían sido buenos gobernantes, otros habían tenido un mandato muy corto y el resto había provocado crisis profundas como es el caso de Cómodo, el hijo y sucesor de Marco Aurelio. 

Cómodo con los atributos de Hécules
Durante su reinado, que duró trece años, los habitantes de Roma habían llegado a ver toda clase de hechos espectaculares: asesinatos, conspiraciones, abusos e incluso a un emperador con todas sus galas actuando como gladiador en la arena del anfiteatro (cosa insólita y muy mal considerada), pero todavía les estaba reservado algo más insólito aún, un imperio vendido en pública subasta al mejor postor.

Para describir este hecho contamos con dos fuentes contemporáneas de incalculable valor, por una parte Dión Casio (1) , senador durante el reinado de Cómodo, cuya narración aparece en primera persona y por otra, Herodiano (2), funcionario romano que vivió en estos años y que, según él, contempló los acontecimientos con sus propios ojos.
Tanto Dión Casio como Herodiano relatan las atrocidades del emperador con tal lujo de detalles que incluso hoy día nos parece estar viendo una película de terror. No es extraño por lo tanto que sufriera varios intentos de asesinato hasta que por fin lo consiguieran aquellos más próximos entre los que se encontraba Marcia, su concubina. Marcia le suministró un veneno, pero al no hacerle efecto buscaron a un atleta llamado Narciso para que lo estrangulara.
Con la muerte de Cómodo (31 de diciembre del 192) parecía terminado un serio problema para Roma, aunque realmente se planteaba otro mayor, quién iba a sucederle. El emperador no tenía hijos, ni siquiera hijos adoptivos, como habían previsto emperadores anteriores para no crear un vacío de poder a su muerte. De este modo, los conspiradores se vieron forzados a tomar una segunda decisión rápida antes de que se adelantaran los pretorianos y proclamaran uno por su cuenta. 


Narciso estrangulando a Cómodo

Aunque hay quien dice que Pértinax era uno de los conspiradores y que, por lo tanto, la decisión ya estaba tomada con anterioridad, Herodiano narra el suceso dejando claro que aquél no sabía nada. 
Nos dice que los asesinos fueron en plena noche a buscarlo a su casa y que los esclavos les hicieron pasar a su alcoba temblando de miedo porque estaban convencidos de que iban a matarlo para cumplir una orden de Cómodo. A pesar de repetirle una y otra vez que el emperador estaba muerto costó tanto convencer a Pértinax de que era cierto que tuvo que ver él mismo el cadáver del emperador para creerlo. Dice también que se presentó ante el senado y que rechazó el ofrecimiento, pero que el senado lo confirmó y que el pueblo al enterarse corrió al cuartel de los pretorianos para obligarles a aceptarlo.




P. Helvio Pértinax tenía entonces sesenta y seis años. Era un hombre que había subido todos los escalones de la jerarquía militar y política por sus propios méritos, había llegado al consulado y ejercía el cargo de prefecto de la Urbs. Parecía el  emperador perfecto, austero, buen administrador e insobornable. No obstante, estas mismas virtudes fueron su sentencia de muerte, tal vez le faltó diplomacia y quiso manejar la situación como si estuviera en el ejército. 
El reinado de Cómodo había sido un desastre ( lo había dejado en manos de sus consejeros) y las arcas del Estado estaban vacías. Pértinax se propuso volverlas a llenar a base de suprimir en la corte todo gasto superfluo y de vender todas las cosas inútiles que había almacenado Cómodo, además restauró la antigua disciplina en el ejército y se negó a ofrecer a los pretorianos los continuos donativos que aumentaban su paga. En poco tiempo el nuevo emperador comenzó a ser odiado por todos aquellos que anteriormente habían obtenido beneficios, especialmente por los pretorianos y un buen día (28 de marzo) estos marcharon sobre el Palatino, sorprendieron a Pértinax en su palacio y lo asesinaron. Tan sólo habían transcurrido dos meses y veintiocho días desde su proclamación.
Los pretorianos volvieron a su campamento situado en el Quirinal, cerraron todas las puertas y se reunieron para decidir cuál sería el siguiente paso.  Después de reflexionar, llegaron a la conclusión de que lo mejor era vender el imperio al mejor postor. La noticia corrió como la pólvora y no tardaron en aparecer dos compradores, Sulpiciano, suegro de Pértinax y que como prefecto urbano se encontraba en el cuartel con los pretorianos y Didio Juliano, descendiente del jurisconsulto Salvio Juliano, uno de los más ricos de la aristocracia romana de la época. 

Pretoriano
Dicen las fuentes que Juliano fue instigado por su mujer y su hija para correr al campamento de los pretorianos a ofrecer una suma de dinero, 
pero que encontrando las puertas cerradas se quedó delante del muro. Por otra parte, Sulpiciano, desde el interior, pujaba a su vez aumentando las cantidades ofrecidas por Didio y un pretoriano iba y venía de uno a otro hasta que Juliano ofreció una cantidad verdaderamente alta y consiguió la puja. El imperio fue vendido por la suma de 25.000 sestercios para cada pretoriano.
Una vez cerrado el trato, el nuevo emperador fue conducido militarmente al Senado, quien de mala gana tuvo que concederle la investidura oficial. 
De momento todo parecía muy fácil, pero no fue así. Cuando la noticia llegó a las provincias los ejércitos no se resignaron y nombraron sus propios emperadores, la amenaza de una nueva guerra civil sobrevoló el imperio. 
En la propia Roma, se vio que Didio Juliano había prometido más de lo que podía cumplir y que los pretorianos no cedían para cobrar lo establecido e incluso el pueblo exigía su parte al nuevo emperador.




Didio Juliano fue, finalmente, abandonado por todos y asesinado. Los nuevos emperadores Pescenio Niger, en Siria y Septimio Severo, en Panonia, se enfrentaron venciendo este último. Una nueva dinastía subía al poder: la de los Severos, corría el año 193 de nuestra era, el año que tuvo cinco emperadores.





(1)  DION CASIO: Historia romana, trad. J.M. Cortés Copete. Ed. Gredos. Madrid 20011.
(2)  HERODIANO. Hª del Imperio romano después de Marco Aurelio. trad. .J. Torres Es barranchi. Ed. Gredos. Madrid, 1985.